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Dar a luz en cautiverio es degradante, pero no liberar vidas es asfixiante

Mientras un bebé normal abre sus ojos y seguramente lo primero que ve es su madre, padre y las enfermeras, Emanuel el hijo de Clara Rojas, cuando abrió sus ojos vio el verde del monte, muchos hombres a su alrededor, armas, uniformes, botas y sí, a su mamá que tristemente la tenían secuestrada. Pero para ese momento el chiquito no entendía; sin embargo desde ya se le empezaba a grabar en su mente esas personas, el lugar y una vida que no pidió, que su madre jamás la planeo, pero que tenía que asumir con valentía.
Ser madre es uno de lo más anhelados sueños de las mujeres, generalmente ellas se emocionan al saber que han quedado embarazadas, la ilusión aumenta con su barriga y con cada señal de vida que expresa el bebe desde el vientre, vienen los regalos, las compras y ni hablar de las ecografías, muchas tienen la oportunidad de compartir este grato momento con su esposo, familiares y amigas. Es más la mayoría….
Pero no se trata de regalos, de lo material si no de momentos inolvidables, de la libertada y del respeto por las personas. Este no es el caso de Clara Rojas una bogotana abogada que fue secuestrada el 23 de febrero de 2002, a sus 38 años de edad, en ese entonces asesora que trabajaba de la mano en la política con Ingrid Betancourt la, senadora y candidata presidencial.
Pero ella no sólo es Clara sino la mujer que le suma a su vida su secuestro, el nacimiento de su hijo en cautiverio, la ausencia de afecto para su pequeño, una relación con un guerrillero, una amiga y colega callada por la violencia, agotamiento de paz, algo más? Si un ser humano que se convirtió en dos, ahora es dos, Emanuel y ella, doble dolor, doble tristeza, doble todo….
Todo allí tuvo que ser triste y terrible, ser retenida cuando viajaba por carretera hacia San Vicente del Caguán para un acto de campaña, quedar en embarazo de un guerrillero y ni por eso permitirle la libertad, luego ver nacer a su hijo en esas condiciones, no poder tenerlo siempre a su lado y tener que conformarse con verlo cuando las FARC lo consideraran, no creo que sea sencillo.
Pero me pregunto yo si para ella es difícil cómo lo será para el bebito que quizás creció más rápido de lo normal, madurado por las condiciones, cambiando juegos por palos, su madre por “nuevos acompañantes, escoltas, los guerrilleros, culpables de que él tuviera que cambiar un tetero por un pocillo, un jardín y una cuna por un ambiente hostil donde predomina la agresividad y no la inocencia, la violencia y no la ternura. Su infancia reducida a la guerra idiota de los más débiles que con fuerza quieren lograr un algo que cada vez me resulta sin sentido y cero honesto.
Y ahora que viene una vida llena de oportunidades cuando alguien la interrumpió en el camino, un niño que tendrá que adaptarse y entender poco a poco las circunstancias de su vida y sus primeros años de vida, qué es para Emanuel el niño Dios, navidad, regalos, abuela, tía, primas, familia la tele, el ponqué, colombinas, dulces, chocolates es más qué representa su madre?
¿Ahora volverá a la vida, empezará a vivir de nuevo? No vivirá de verdad con libertada, pero aunque me alegra que este pequeño renazca, ¿Quién le devolverá los momentos interrumpidos, quien desempañara su primeros pasitos? Ahora él todo lo mirara ajeno sabiendo que es de él…..
Por: Andrea Ramírez